fin

he estado estos dos últimos días limpiando algunas emociones. no porque quiera olvidarme de su existencia. tampoco porque quiera desresponsabilizar. quiero por un momento pararme, distanciarme, llorarme. quiero limpiarme los ojos, dedicarme mi propia compañía. hacía mucho tiempo que esa sensación de querer terminar con todo no se apropiaba de todo mi sentir, de mi respirar, de mi observar/me. he aprendido algo más de mi relación con lo que me rodea. he aprendido lo que implica la competición, lo que implica el cuestionamiento de mi hacer, de mi pensar. eso que he vivido toda mi vida y que antes me absorbía totalmente. hasta distorsionaba todas esas voces que tenía en mi cabeza para hacerme creer y entender que no valía nada. pero ahora, por favor, que nadie ni nada me lo recuerden. porque no lo merezco, para nada. no merezco esa humillación. esa hipocresía a través de la cual se apropian e instrumentalizan mi ser, mi cabeza, mi discurso, para después reírse de mi jodida vida. que hay quien decide patalear porque no tiene acceso al privilegio, mientras otres deciden dar un poco de espacio a quienes tienen menos que elles.

pero he dejado de llorar. no quiero que hagan perder tiempo a mi cabeza, ni a mi cuerpo, ni a ninguna parte de mi ser. por fin, libre.

cerraré este espacio, este blog, porque ya he cerrado una larga etapa y ese largo proceso que empecé cuando lo estrené. me siento distinta, y orgullosa de mi misma y de ese gran proceso. un inmenso placer compartir por aquí con vosotres. abriré otro dentro de poco. supongo.

somnis estranys, desitjos i abraçades imaginàries

mai m’he sentit atreta pel carisma. ni tan sols per allò que normalment anomenen bellesa. mai m’he sentit atreta per allò que totes miren. mai he sentit que m’agradi allò que es considera amagadament superior, allò que crida l’atenció.

cridar l’atenció és una expressió curiosa, perquè crida, perquè demana atenció. i no l’atents perquè vulguis, sinó perquè estruturalment crida. i, irònicament, aquelles que moltes vegades criden, literalment criden, no són mai ateses. són ignorades, repetidament.

a vegades somnio que t’abraço. no fortament, perquè no tinc força. sí suaument. i segurament tu ni t’ho imagines. les dues pensem i creiem que l’altra ens ignora. algunes parlen de pors. jo parlo més aviat de situacions que ens han ensenyat a les dues a fer-nos creure que per les demés no existim. i ens observem, en la distància, suspirant i a la vegada apartant-nos intentant ignorar el que podria ser interès i esquivant el que creiem que és por. por al rebuig, por a tornar a passar pel mal tràngol que hem passat milers de vegades les dues en aquestes situacions. por a sentir que no valem el suficient i que cap persona ens voldrà abraçar així.

a vegades somnio que m’apropo a tot allò al que crec que no hi tinc dret. i penso, entre somnis, que no ho vull per a res. somnio, mentre a la vegada somnio amb tot això, que no vull somniar-ho, perquè és un desig construit, que em manté a l’expectativa de coses que el meu cos/emoció/cap no desitgen.

però és després d’aconseguir deixar de somniar somnis estranys, llunyants, externs al meu desig, quan torno una altra vegada a somniar que t’abraço. i obro els ulls i et veig, a prop i lluny, distant, i a la vegada em preguntes sobre tot el que he escrit alguna vegada, allò que ens ressona a les dues, allò al que ens agafem les dues, aquell discurs que ens dóna part de sentit, i a la vegada ens trenca perquè sabem com ens aparta aquest tipus d’estructura, de forma diferenciada, de forma continuada, de forma sistemàtica. ens aparta a les dues i ens dificulta somniar que estem abraçades i que a fora, el món sembla un lloc més amable.

discursos vacíos

este está siendo el año de los cambios. cuando el dolor intenso deja de llenarte todo, otro tipo de procesos se aceleran. la estaticidad es forzada, aunque parezca mentira, y aunque nos hagan creer que toda fluidez es producto de un sistema que a la vez no nos permite cambiar ni movernos. es contradictorio. y no lo es. porque no es lo mismo la inestabilidad provocada por el sistema que esa inestabilidad que el sistema no te permite expresar.

a lo que iba, que ya no sé lo que es, ni lo que era. no me gusta la estaticidad, pero tampoco que me arrastren hacia el abismo o la mierda, que es donde normalmente nos arrastran a aquelles a les que vulnerabiliza el sistema. eso es, esa es la inestabilidad que buscan para mí. la mía, mi “verdadera” inestabilidad, la que no quieren que tenga, es la inestabilidad del cambio, del proceso, de quien puede escoger libremente, la que intra-actúa con su entorno, la que se desorienta, la que decide comprometerse, implicarse, pero sin pasar por una autoridad ni jerarquía.

hemos creado discursos que amo, pero a la vez algunos me asustan. estamos re-aprendiendo el castigo. sí, estamos generando discursos de castigo, y a la vez, contradictoriamente no escogemos esa vía cuando nos interesa para ‘mirar hacia otra parte’. o castigamos o nos desresponsabilizamos. delante de estas dos opciones, estás atrapada. no me gustan estos discursos donde imponemos simplemente lo que dicen una mayoría dentro de nuestras minorías, donde la solidaridad solamente se da si la respaldan les demás, donde todes se miran unes a otres para ver si les demás dan o no el paso, para hacer lo mismo. tampoco no les culpo, porque las consecuencias de no hacerlo son, por ejemplo, la exclusión, y la exclusión es una mierda muy grande. pero también lo hacemos para no perder el poder (a esta última sí la culpo, no es la misma jodida posición).

no le daré más vueltas, escribiré mi conclusión, la compartiré. y seguiré con mi vida, con mis procesos, con mi sentir, con la búsqueda de discursos más sensibles, más compatibles con la vida y el compartir.

 

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exclusiones y alternativas

aviso de contenido: miedo, rechazo y exclusión, pérdida, mención de tristeza

 

siempre el miedo a la exclusión, siempre el miedo al rechazo, siempre el miedo a que te aparten, te dejen de lado. siempre ese miedo. y el miedo no lo pierdo, lo que cambia es la consciencia. saber el por qué, el cómo, el quien. saber acariciarme, en esos momentos de crisis, en esos momentos en los que mi cabeza decide que ese miedo es aterrador y que quiere avanzarse y huir antes de que provoque más dolor.

la pérdida, lo que nunca has tenido, lo que ni siquiera sueñas porque aprendiste a mirar hacia otras metas, hacia otras direcciones, hacia aquelles más fuera, más apartadas, más vulnerables. y piensas que has aprendido que hay personas bonitas, que existen las alternativas. que puedes escapar. que puedes construirte de otra forma. y me agarro a esa pequeña sonrisa que de vez en cuando alguna persona me dedica, ese agradecimiento que siento, aunque mi cabeza esté en constante ebullición y a veces solamente tenga ganas de llorar.

 

 

 

hoy mi deseo se manifiesta

Aviso de contenido: falta de autoestima, estrés postraumático, rabia, ideación suicida

Me rompí el día que me vi, tumbada, desnuda, sin aliento, casi moribunda. Mirarse al espejo puede darte un golpe de realidad, un golpe de esos que te hunden más o te despiertan de golpe. Ese día creo que fue una combinación de los dos. Mi cuerpo reaccionó de formas múltiples, diversas, como todo lo que me atraviesa, que es difícil de separar, medir, analizar. Me levanté. Me vi esta vez de pie, rota, totalmente rota. Pero real, muy real. Lo más real que se puede ser a través de nuestra percepción de lo que nos rodea, con todos los filtros que una tiene para ver y para verse. Pero real. Tuve miedo, y grité. Grité mucho. Tanto que me desperté a mí misma. Grité de rabia, por lo que me hice, por lo que me hicieron, por lo que me hiciste, por lo que te hice, por lo que os hice. Grité y no sabía cómo parar, por primera vez estaba expresando todo aquello que acumulé durante años de autotortura. Me quedé sin voz, así que paré, y me dediqué una sonrisa, seguida de un gesto de autodesprecio. Veía en mí mil cosas, todas borrosas, pero reales. Nadie ha dicho que la realidad tenga que estar enfocada, o nítida. También escuché, olí, sentí, toqué. Me toqué, me sentí real, desenfocada pero real. No tuve que decirme nada, no hacía falta, no se me da bien hablar, lo sé. Fue en ese momento que, desde el odio hacia mí misma que la sociedad me había ayudado a cultivar desde que era pequeña, decidí limpiar ese espejo que llevaba años sucio de desprecio. Llevaba años acostumbrada a escupir en él cada vez que me veía.

Ese día no solamente me levanté de la cama, me levanté de todos mis tormentos. No quiero decir que me los quitara de golpe, aún sigo teniendo muchos de ellos. Quiero decir que me levanté de ese estado en el que me tenían, de indiferencia, de rendición, de inconsciencia. Sin querer estigmatizar estos estados, obviamente, los rechacé para salvarme. No salvarse también es una opción, y la culpa no la tiene quien pierde, sino el sistema que te ha llevado a esa situación. Me levanté en una metáfora extraña donde yo parecía salida de una guerra. Fue entonces cuando me obligué a coger más aire al respirar, ese al que no creía tener derecho. Cogí aire y pensé en el miedo que siempre tuve a que terminara todo el aire a mi alrededor. O bien las ganas de que pasara eso. Cogí aire y salí por esa puerta que no era solamente un impedimento para relacionarme con el mundo, era también protección. Era salvación y era violencia. Atravesarla sin pensar y pisar ese suelo que te dices a ti misma que no mereces pisar. Pero ahí estás, viva (o al menos eso crees y sientes), algo entera y con algo dentro diferente, nuevo y nada indiferente. Aún está el odio, el autoodio, pero es distinto, sabes que es distinto.

Necesito partir de ahí, de esas sensaciones, ese momento. Quiero levantarme hoy a través de ese día. Partir del momento en el que mi cuerpo dijo “basta”. Un basta bajito, un basta con dudas, borroso, confuso. Pero un basta. El primero. De ahí me despierto hoy para señalar y definir mis márgenes, fronteras, contornos. No quiero olvidar nunca ese momento. Superarlo, sí; pero no olvidarlo nunca. No me gustan las fronteras, esas definidas a través de estructuras. Pero sí que estoy a favor de describir contornos, necesarios, para entender qué es importante y qué tengo que tener en cuenta, según mi pensar, según mi sentir. Es a través de ahí donde describiré márgenes, donde coloco a personas, conceptos y sistemas. La responsabilidad, el compromiso, los cuidados me ayudarán a describir estos contornos.

Quiero pedir disculpas, a aquellas de las que me aparté, a aquellas a las que no cuidé, a aquellas a las que afecté cuando estaba herida, a aquellas con  las que me enfadé cuando no eran ellas las responsables de mi dolor, a aquellas a las que culpé de todo antes de culpar a la persona que me jodió la vida, a aquellas que juzgué y que hice sentir acusadas cuando señalaba lo mucho que me dolía la estructura. Quiero reconoceros, a través de este ritual con el que se manifiesta mi deseo, hoy. El proceso ha sido complicado, y estaba aprendiendo (poco a poco y a trompicones) a amar, sentir, cuidar, entender lo que es importante y lo que no, a construir mi pensar. Pero ahora, hoy, mirando hacia atrás y mirándoos a vosotres, siento algo que nunca había sentido antes: algo que se parece a la admiración, o a un afecto muy profundo, algo que no sé describir con palabras. Siento el dolor causado. Siento lo que arrastré. Y siento, siento mucho, no ser capaz a veces de expresar todo esto junto. Por este motivo se manifiesta mi deseo, hoy. Y una energía recorre todo rincón de mi cuerpo, y se funde con esa idea que ese día, rota, tenía; esa idea que resonaba un deseo, que hoy, por fin, se manifiesta.

 

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abrazar el miedo

te tengo miedo. y no por quien eres, sino por lo que siento. mi cuerpo tiene miedo. quiere salir de mí, correr, huir, que es a lo que se ha acostumbrado desde hace tiempo. el recuerdo y la sensación de que todo siempre se vuelve a repetir no me permiten dejar atrás el miedo. pero me acostumbré a vivir con miedo, muchos miedos, algunos de ellos mucho más peores. este miedo es amigable, es protector, es cariñoso. es el miedo con el que me he protegido. pero mi cuerpo siente que necesita algo más. necesita salir de aquí, de este laberinto donde las emociones la mayoría de las veces me han llevado a su centro. espacio de protección. espacio de seguridad. esos construidos a través del discurso. esos que amo. pero esos que no me permitían sentir.

voy a salir. con miedo, da igual. es el miedo mi acompañante, es el miedo quien me avisará. es el miedo que en el fondo no quiero dejar atrás. es el miedo el que me protegerá. el miedo también forma parte de la revolución.

 

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el afecto de lo que no pertenece

lo que se siente al volver cuando no tienes ningún sitio al que puedas llamar casa. la no pertenencia me preocupaba. mucho. un sentimiento que me ha perseguido siempre. a la vez una sensación difracta que se esparce de forma confusa sobre demasiados lugares a los que miro con especial sensación de cariño.

no pertenecer ya no me preocupa. porque ya no creo en esa sensación. ya no creo en la pertenencia. y no es porque encierre en sí misma una idea de propiedad. es porque no creo en lo que externo, eso que se conquista o se comparte. eso a lo que quiero pertenecer soy yo también.

cierro los ojos y el miedo/sueño/intensidad/cariño/asco/tristeza/alegría/curiosidad/sensación de vacío (que nunca lo es) se difractan también. y el afecto de lo que no pertenece se queda para abrazar una nueva etapa, un nuevo proceso, un nuevo cambio.

 

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the world is your body

“I repeat that the difficulty of understanding the organism/environment polarity is psychological. The history and the geographical distribution of the myth are uncertain, but for several thousand years we have been obsessed with a false humility—on the one hand, putting ourselves down as mere “creatures” who came into this world by the whim of God or the fluke of blind forces, and on the other, conceiving ourselves as separate personal egos fighting to control the physical world. We have lacked the real humility of recognizing that we are members of the biosphere, the “harmony of contained conflicts” in which we cannot exist at all without the cooperation of plants, insects, fish, cattle, and bacteria. In the same measure, we have lacked the proper self-respect of recognizing that I, the individual organism, am a structure of such fabulous ingenuity that it calls the whole universe into being. In the act of putting everything at a distance so as to describe and control it, we have orphaned ourselves both from the surrounding world and from our own bodies—leaving “I” as a discontented and alienated spook, anxious, guilty, unrelated, and alone.”

(Alan Watts, On the Taboo Against Knowing Who You Are)

piezas

siempre hay algo a lo que engancharse. o a lo que aferrarse. a veces no sé si eso es bueno o no, y no hablo en el sentido moral o ético del término. estoy testando estos sentidos que en mí siempre han ido dando vueltas. y ahora pienso en lo que enterré, sale a flote de una manera única. e inspiro. y respiro. y medito, sin saber por qué, ya que es ese el sin-sentido.

te despiertas un día en una ciudad que no es la tuya, pero que te vio crecer en autoestima y confianza, y de golpe ya nada de lo que hacías o decías tiene sentido. y todo empieza a tener sentido. lo construido por aquello que dolía es lo mismo que me ayudó a salir. pero no sé si eso es una trampa, porque es lo que siempre ocurre con cualquier enganche o adicción. algo a lo que aferrarse. y con lo que hundirse.

pero yo siempre salgo a flote, renovada, lista para una nueva etapa. rodeada de agua, de lo que penetra, de lo que esquiva. de lo que es fuerte sin serlo. de lo que construye y destruye a la vez.

he conectado con algunas piezas que perdí por el camino hace años. algunas las reconstruí fuera de aquí. las recogí hace poco. y ya han vuelto para quedarse un tiempo aquí.