wuwei

aviso de contenido: mención de autolesión

 

nunca quise entender el i ching porque me aferraba fuerte a una respuesta previa y, según mi cabeza, tenía que encajarla en sus palabras. ahora rebuscando he encontrado un sueño que tenía hace 3 o 4 años, cuando me daba cabezazos contra la pared creyendo que así desaparecería el mundo. y no desaparecía el mundo, pero el dolor que me provocaba se hacía más pequeño.

tenía un sueño, en el que huía lejos para no volver. este lugar me ahogaba, porque fuera donde fuera, ya no me pertenecía, si es que me había pertenecido en algún momento.

ahora observo y sólo veo conquistas que detesto. conquistas de territorio, de discurso, de control, de poder. conquistas en el mismo corazón de lo que se autoproclama no-conquista o anti-conquista.

estoy volviendo a lo que anteriormente era mi centro, mi forma de vivir. ese existir que tu presencia rompió. ayer alguien me lo recordó, y volví a sentir otra vez la esencia de esta wuwei. ese nombre que de tanto repetirse en boca de quien genera un discurso sintonizado con este sistema, le borra el sentido, le borra el vacío, le borra el no-sentir.

creo haber encontrado una pequeña respuesta, y parece que todo se alinea para ello. detesto este lugar, lleno de hipocresía, al que llaman alternativo, pero en el que se veneran dioses más peligrosos que los que salen en los libros mitológicos, porque lo que no es reconocido como existente tiene el poder de pasar desapercibido.

nos veremos. en otro lugar. con otro sentir.

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prohibir, permitir, existir, estar

cuando hablas de lo prohibido parece que hables de esa fuerza sistémica que no te permite, que no te deja, que te ahoga, que te oprime. pero permitidme hablar de aquello que no nos permitimos a través de nuestros discursos, porque nos creemos fuertes cuando hablamos de nuestras vulnerabilidades, aunque las pongamos en un pedestal. lo prohibido, que no me permite el abrazo infinito, que no me permite conectar. todo aquello que me he prohibido y que lucha constantemente por mostrarse, salir, cantar. porque el problema no es que no me dejen moverme, soy yo quien me lo prohíbe. una, dos, tres, cuatro o cinco veces. porque tengo miedo a permitirme, a permitir mi existencia, a decirle al mundo que soy, estoy y existo. que soy parte de él. me arrepiento de tantos suspiros prohibidos, de tantos llantos negados y de tantos besos queridos y por querer. porque me olvidé de mis sueños mientras resistía, mientras sobrevivía, mientras luchaba por existir. no cantaré a la libertad, porque no creo en su existencia, paradigmáticamente hablando la libertad se niega a si misma. no hay más. no es que quiera ser libre, es que quiero simplemente poder existir a través de los demás, sin extender mi poder, solamente ese fluir en el que intra-acciono, intra-actúo, para dejar de ser yo, para dejar de ser tú, y empezar a ser todo lo demás.

 

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una cuerda y una noria

decidí saltar sobre una cuerda. no muy gruesa, no muy fuerte. una cuerda que había dejado hace tiempo. antes era más gruesa y más fuerte, pero temblaba de dolor. ahora tiembla de miedo. miedo a descomponerse, a borrarse, a romperse. ¿quien decidió volver a ponerme esa cuerda allí?

quitarse la mierda de encima tiene sus consecuencias. descubres cosas, dentro de ti. descubres, te asusta, te agota, te ilusiona. no te fuiste, te eché. y desde entonces mi vida no hace más que sorprenderme. para bien. pero qué malditos sustos me da.

una cuerda. fina y floja. y encima de ella, he colocado una noria. y no sé muy bien esto cómo acabará.

 

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6 de junio

bendito 6 de junio, en el que dejé atrás el insomnio, la angustia extrema, la confusión provocada por la manipulación y la mentira constante. ese día en el que dejé de mirarte para ver lo grande que era el mundo, con el que también intra-actuaba. bendito ese día, en el que dejé de permitirte que me hicieras creer que no tenía derecho a pisar el suelo por el que paseaba, que no podía tener barrio, que no podía ser ni estar. ese día en el que lloré durante los 3 siguientes, hasta la luna llena, que me regaló abrazos y borracheras. ese día en el que me dejé dejar(te), en el que dejé atrás el tener que esconderme y dejé atrás permitirte humillarme.

por todas esas sonrisas que se fueron. por todas esas angustias que me quitaron el sueño. por todas las veces que lloré. por todos esos ratos que no podía entender qué estaba pasando. fui lo que fui. por todas esas tardes mirando al horizonte, respirando, deseando, y todas esas noches de pesadillas constantes. nunca más volveré a sentirte. nunca más volveré a ser la que era antes. y espero no volver a serlo nunca más.

 

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puertas que se abren, afectos que no se pierden

cerré la puerta tras de mí y, cómo me suele pasar a veces, me quedé tumbada observándola para ver si se volvía abrir. no pasó mucho rato hasta que se abrió. caminaste hacia mí, te tumbaste. y me abrazaste muy fuerte hasta que me dormí. nada que no fuera consentido. nada que no sintiera que llegaba demasiado tarde. siempre llego tarde. para dormir. para soñar. para volver a abrir esa puerta. para contestar. para huir.

la resaca brillaba a través de la ventana. cuando entra la primavera los días en esa latitud se vuelven más largos. sonaba el teléfono y una voz detrás de la puerta nos avisaba que ibais a partir. así empezaba mi último día en esa casa, que quedaría vacía para que yo la sufriera. una casa que me acogió, que nos llenó y que ese mismo día me ahogaría en soledad.

sentir esa sensación de vacío, esa sensación que no siento a menudo. solamente la he sentido esos dos últimos días, en esas dos casas vacías separadas por pocos kilómetros de distancia y un año de tiempo. dos casas vacías que me decían adiós. o más bien, hasta luego. porque ya sabemos que siempre que cierro la puerta al cabo de algo/poco/mucho/bastante/no se sabe cuánto vuelve a abrirse. para arroparme y enseñarme que lo que parece frío puede ser cálido, y que el cariño no se pierde en 5, 6 ni 7 años.

 

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sin duelo, no duele

recuerdos, nostalgia, volver y no volver. querer sin querer, pensar que ya pasó. eras, pero no estabas. sentías, pero no podías gritar. salías, entrabas, quedabas en ese punto incierto que tiene la melancolía de aquello que nunca pasó. y piensas que sufrías, mientras ese pensamiento te re-siente algo dentro de ti. vuelves a sentir, una y otra vez. lo lloras, lo tomas, lo abrazas, lo observas, lo tiras, te alejas.

se acerca ya el momento en el que celebrar un año de duelo. y ahora, sin duelo, no duele, no quiero que siga ocupando en mí. quiero poder caminar por cualquier lugar, recorrer sus plazas, sus calles, sus parques, sus aglomeraciones, sus soledades. me acerco, huelo, es el barrio, es la gente, son las voces. y los recuerdos, que hace mucho que no duelen, han dejado de persistir. quieren, muchos de ellos, dejar espacio para que rellenes, con emociones, sin huecos, sin ecos, solamente por (mucho) otro sentir.

 

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hoy me quiero felicitar

aviso de contenido: mención de maltrato, mención de autocastigo

 

necesito pararme. y felicitarme. últimamete mi cabeza no para de castigarme y mandarme mensajes por todo lo que he hecho (supuestamente mal). se olvida de cómo estaba, del contexto en el que tuve que hacer, decidir, sentir. hice todo lo mejor que pude, esto lo sé. pero mi cabeza se olvida.

el 2017 fue un año de recuperación, sanación. y eso no lo podía hacer haciendo todo lo que hacía antes. necesitaba parar, pausarme, pensar, escoger, desechar, probar otras cosas. sentir. de hecho, si lo pienso, he conseguido grandes cosas. muy grandes. dejé una relación de maltrato de 7 años. no sólo la dejé, pude visibilizar todo lo invisibilizado. me empoderé. mucho. en ese empoderamiento construí una charla que aún hoy me enamora, que es un ritual puro de sanación, y que aún hoy muches me agradecen que exista. he conseguido deshacerme de todas las sustancias adictivas que me afectaban. he colaborado en la construcción de un proyecto que es la sensibilidad pura, que es un resumen de todo mi sentir. he aceptado y reconocido algo que forma parte de mí, de cómo funciona mi cabeza, que empieza a dar más forma a mi múltiple identidad. y otras cosas que ahora mismo no puedo contar aquí.

sí, he tenido que dejar cosas que ahora, recuperada, echo de menos. pero castigarme por eso es no reconocer todo ese precioso proceso, todo lo que conseguí. porque grandes no son los éxitos que nos venden. grandes somos nosotres en nuestros procesos, nuestro sentir, en nuestra aceptación de cómo somos, en nuestra sensibilidad. e incluso en nuestros colapsos. hoy me quiero felicitar y agradecer, por todo lo hecho, y por todo lo que vendrá.

 

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