(des)dibujando mi nuevo camino

últimamente me llega la palabra ‘pertenecer’ por diferentes lados, fuentes, contextos, conversaciones. no es casualidad, es posiblemente que ahora también desee prestarle más atención. ciertas nostalgias me animan a querer volver a sentir pertenecer. eso que me salvó en un momento dado, eso que por motivos de mi recuperación perdí sin darme cuenta. necesito pertenecer de alguna forma. y hace poco, durante unas horas, lo volví a sentir. reconstruir(me) no es como un puzzle, donde el dibujo ya está hecho. es lo contrario, o algo diferente. es cómo ir viéndote y cambiándote, resonando cosas pasadas y otras que nunca han existido, mientras en algunos momentos vas dibujándote y desdibujándote. ahora estoy en un momento en el que de golpe empiezo a entender mejor parte de mi camino. ese camino que se va dibujando al andar.

 

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de la tristeza de haber tenido sin haber sentido

cuando pasa el tiempo. te empoderas. te curas. te cuidas. y cada vez que miras atrás ves algo distinto. depende del punto del camino desde el que mires. ver con tristeza no tiene porque significar estar en un momento triste del proceso. ahora me está pasando, y me pasa porque precisamente conseguí borrar toda violencia. me quedó lo bonito del recuerdo, las cosas dulces, esas que echo tanto de menos. por eso la tristeza: la de haber perdido cosas. cosas que tuve que dejar por toda la violencia. pero cosas, algunas, que por lo que se ve me gustaban. y yo no lo sabía. cosas que ahora ya no tengo. que me robaste, que me quitabas día a día. lo que me quitabas era la sensibilidad de apreciarlas, de sentirlas, de saber que las tenía. pero las tenía, y me robaste el sentir. otro punto que va sumando para odiarte cada día un poco más.

un odio que ya no me quema. que me permite vivir con alegría. del que a veces me alimento para levantarme con energía pensando que he conquistado una noche más sin pensadillas, y otro día más que viene delante y que no me has podido arrebatar. estuviste a punto de quitármelos todos: esos que habías ocupado y esos que ya (casi) no vendrían después. del odio pueden salir flores. por qué no. de ese recuerdo de lo que echo de menos voy a construir un nuevo pedestal al que subirme para ver que aún puedo conquistar mi vida un poco más.

y a partir de esta reflexión, de estos recuerdos (en los que no apareces, por eso los echo de menos), ya voy a dejar de escribir a través de ti, de quejarme a través de ti. vas a dejar de ocupar ese espacio que aún tenías en mi vida, aunque solo fuera para señalar lo que me doliste y pisaste. ahora ya paso a otras cosas. a reconstruir esos recuerdos vacíos de ti y a refugiarme en una nueva tristeza, diferente a la que estaba acostumbrada, que me dice: wuwei, eso que tanto perdiste ya fue, pero ahí está el recuerdo para volver a construir algo nuevo, algo que ya no vas a echar a perder.

 

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sin agradecimiento no hay reconocimiento

un corazón latía con fuerza. pegado a mí, a mi pecho, resonaba con fuerza y hacía que todo mi cuerpo temblara. su cuerpo también lo hacía, y yo no sabía qué estaba pasando. hablar, hablaros, hablarte. llorar, conectar, expresar. sentimientos, experiencias, emociones, teorías. ¿por qué hago esto? ¿par qué? un abrazo, otro abrazo, alguien llorando. y un gracias, que durará para siempre.

sin agradecimiento no hay reconocimiento. y necesito reconocer: todo eso que me aporta tu presencia, tu ser, tu estar, tu escuchar, tu sentir, tu decir. tu decirme con voz temblorosa que gracias también por compartir.

 

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renovarme

termina el año, y con él terminan todos los fines que han acabado. me sorprende mi renovada capacidad de cuidarme. me gusta, la mimo, la quiero. con ella se expande otra necesidad que va más allá. no me ha caído como si nada, me ha costado construirla y no quiero banalizarla, como si fuera una capacidad a la que todes pudiéramos acceder o hacerlo fácilmente. mi forma de verme siempre fue a través de la autodestrucción, y con una baja capacidad por terminarme. porque soy torpe, porque me cuesta encontrar(me) la forma de no sufir(me).

pero todo cambia. todo siempre cambia. los discursos que me han ayudado a sobrevivir, que me han arropado, con los que he conseguido terminar con mis pesadillas, o al menos con el insomnio. mis amigues, mis amigas, mis afectos, mis compañías, el activismo, mis proyectos. mi vida. mis redes, mi familia.

he terminado con mucha mierda este año 2017. y eso me alegra, me hace feliz. voy a empezar este nuevo año duramente, desde la propia hibernación, la interiorización, el seguir observándome y observándoos desde la (des)calma de mi hogar, que es mi cuerpo. ese cuerpo que tanto siempre he odiado y que, después de 38 años, he decidido (tozudamente) aprender a amar (deseadme ánimo y suerte).

hibernar y reempezarme. abrazar cada uno de los procesos de este año que termina. volver a mirarme. ha llegado el momento (por fin) de remirar muchas de aquellas ilusiones que tuve que aparcar por estar hundida. y renovarme.

 

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silencio

aviso de contenido: muerte

 

cuando un corazón  deja de latir se crea un silencio a su alrededor que puede tardar días, semanas o meses en romperse. el olor nos queda impregnado en todo lo que compartíamos, y los recuerdos resuenan constantemente. un silencio que no es vacío, sino que está lleno de muchas cosas; esas que nos hacen sentir cierta calidez, y otras que nos torturan. no es el vacío lo que sentimos, es rareza, es confusión, es sensación. pero vacío no es, sino (des)sentiríamos indiferencia.

 

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siente y resiente

lo que se lee como insensibilidad en nuestra sociedad puede ser en realidad una intensidad tan grande que se escape de toda normatividad. vi en la sonrisa sincera quien no leía en mí un problema. no alejarse cuando alguien grita todo eso de lo que la mayoría huye y se aleja. se alejan de que haya quien se aleje. el rechazo puede ser una buena oportunidad para crear tu espacio. lento, templado, con unas grandes vistas.

me cuesta horrores mirar a los ojos pero me paso el día recordando los ojos de todas aquellas personas que me han impactado. y son muchas. chocando momento tras momento en algún punto entre mi pecho, mi vientre, mi cabeza y allí donde se extienden mis extremidades. vuestras manos, serán aquellas que no toquen con deseo, mi deseo, entre el sí y el no, entre la duda, el miedo y mi amor crítico y condicional.

 

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cerrar un proceso, alargar un abrazo

el trauma limita. pero, ¿serán todos los límites malos? el trauma enseña, y de la enseñanza hay límites que pueden dejar de ser temporales para pasar a ser una buena compañía. me acerco a un abismo, con calma, sin prisa, me quiero quedar mucho tiempo aquí. la palabra que más me resuena ahora es ‘familia’, pero esa palabra resignificada, construida a través de nuestros discursos, críticos, con los que me arropo antes de ir a dormir para no tener pesadillas. mi ‘familia’ la construyo alrededor de un concepto, que es el afecto, la red afectiva.

antes de ponerte a gritar una y otra vez que tienes que recuperar algo de ti o que tienes que volver a ser algo otra vez, pregúntate si realmente es eso lo que sientes. lo que te enseña el trauma no es siempre algo que desechar, algo que afrontar, algo que cambiar, algo de lo que ‘recuperarse’. a veces son cosas que pueden ayudarte a abrigarte y a sobrevivir mejor día tras día en un mundo frío y hostil.

este largo abrazo que me he estado dando este último año ha sido uno de los más hermosos que me he permitido a mi misma. ahora empieza otra etapa, donde ya no necesito ese abrazo, sino que lo alargaré para simplemente disfrutarlo sin que nada ni nadie se vuelva a apropiar de mí.

en realidad es por motivos como este, la coincidencia del otoño, que me gusta mi cumpleaños. es la época más intensa para cerrar procesos.

 

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